martes, 3 de abril de 2007

Ponencia de Alejandro Zúñiga (Exponente del 1º coloquio de estudiantes)

¿Crítica de la Ideología, hoy?

Por Alejandro Zúñiga Oneto

Por estos días, hemos oído hablar de la “muerte” o el “fin” de cuanta cosa se haya acuñado en la modernidad: el fin de la historia, el fin del sujeto, de la misma modernidad. Pero, por sobre todo, se ha hablado del fin de las ideologías y con ello, implícitamente, del fin de la crítica que persiguió como un fantasma a aquéllas.

Sí, es cierto. Reconocemos que la crítica de la ideología ha sido una de las que más ha suscitado, y hasta el cansancio, la escritura filosófica, política y sociológica de la modernidad. Pero este aparente agotamiento del tema no significa que deba ser abandonado de plano, sin más. Consideramos, por el contrario, que -en tanto ejercicio constitutivo del orden social moderno- resulta sumamente pertinente la pregunta respecto de si tiene algún sentido en la actualidad. Y si la respuesta llegase a ser afirmativa, responder a la otra que surge inmediatamente en la vorágine interminable de la reflexión. En este caso: ¿cuál es ese sentido?

Para comenzar, responderemos brevemente a las preguntas planteadas: primero, sí tiene un sentido la pregunta por la actualidad de la crítica de la ideología; segundo, el sentido debe argumentarse siempre y cuando se haga la salvedad de que el objeto de la crítica, esto es, la ideología, necesita ser revisado desde sus cimientos, en el entendido de que se nos hace imperioso encontrar nuevos términos para referirnos tanto a la dominación –no sólo del hombre por el hombre, sino de éste hacia la naturaleza- que aún impera en el capitalismo mundial integrado[1].

Pero ¿Qué es la crítica de la ideología? Para responder a esta pregunta, es preciso remitirnos a la Ilustración.

Si entendemos a la Ilustración en el sentido clásico del término que le dio Kant, como emancipación del hombre de su merecida tutela[2], provocada por la falta de decisión de los hombres a servirse de su propia razón, lograremos adentrarnos en los primeros esbozos de lo que posteriormente se conocería como crítica de la ideología, siendo precisamente la metáfora con la cual se gesta el movimiento ilustrado la que nos da la pista inicial respecto a su formación: la luz. “Iluminar” era el objetivo de la ilustración, poner la luz de la razón allí donde lo oscuro (llámese superstición, error, ignorancia) impedía ver la realidad de las cosas.

Si bien la intención prístina de la ilustración era la concreción de un diálogo pacífico y libre entre los hombres, guiado por la razón, éste demostró ser imposible de alcanzarse, debido a estar la “oscuridad” fuertemente arraigada en los sujetos y perpetuada gracias a los intereses de quienes les convenía que la realidad social continuara en dicho estado. Así puede entenderse el nacimiento de la crítica ideológica como “la continuación polémica con otros medios del diálogo fracasado.”[3]

Los pensadores del siglo XVIII comenzaron a estudiar la condición humana gracias a la aplicación del método científico al análisis del hombre, de su naturaleza y de la sociedad. Fue así como se consideró a la “razón científica” como la medida de conocimiento de la realidad, y el “progreso” del hombre como el telos de ese conocimiento. De tal modo, opinaban que el hombre es esencialmente racional y su racionalidad puede llevarlo a la libertad.[4] Hay que comprender, no obstante, que la razón “No es el cofre de la mente en el que se halla atesorada la verdad, como una moneda; es más bien la fuerza intelectual original que guía el descubrimiento y la determinación de la verdad (...) Todo el siglo XVIII entiende la razón en este sentido”.[5]

Estos postulados fueron los que les sirvieron para sostener su crítica a las instituciones existentes, en tanto irracionales: éstas no se adecuaban a la naturaleza humana, impidiéndole a los hombres desarrollar sus potencialidades inherentes, por lo cual debían ser reemplazadas. “Por ello, estos pensadores hicieron una guerra constante a lo irracional, y la crítica se convirtió en su arma más importante.” (Zeitlin, Pág. 13)

Así fue como podemos establecer los inicios de la crítica de la ideología.

Pues bien, a nuestro parecer Marx se yergue como el máximo exponente de las posturas ilustradas, sintetizando lo mejor de ellas: la tendencia revolucionario-crítica y la tendencia científica. Pero a la vez superándolas, con toda la potencialidad de la dialéctica materialista, en tanto fundador de una radicalidad que lograba ver a la propia sociedad como productora de su miseria –analizando los mecanismos a través de los cuales esto acontecía- y a la lucha política como el factor imprescindible para su transformación.

Pero, ¿qué era la crítica de la ideología para Marx? Comencemos por aclarar su concepto de ideología. Para Marx la ideología es una forma de ver, concebir y representar el mundo y, específicamente, la realidad social, de manera distorsionada. En otras palabras, constituye una falsa conciencia que no les permite a los sujetos tener una percepción “real” de las cosas. De tal modo, la ideología es una especie de construcción artificiosa que encubre las relaciones sociales que están asentadas en la estructura de la producción material, las oculta, y, por consiguiente, produce un falseamiento del mundo. Por tanto, en Marx la metáfora de la ideología como "velo" que se echa sobre la realidad expresa lo esencial del potencial explicativo del concepto.

La pregunta que surge inmediatamente es: ¿cuál es el motivo de esa distorsión? La respuesta es clara: la legitimación de los beneficios de la clase dominante que, en el caso concreto que él aborda, es la clase dueña del capital. ¡Eureka! He aquí que queda explicitada la formulación de la ideología como “falsa conciencia”, en tanto que oculta la dominación de clase subyacente en la sociedad. Cuestión que queda graficada en la clásica metáfora plasmada en la Ideología Alemana, a saber: “La conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real. Y si en toda ideología los hombres y sus relaciones aparecen invertidos como en la cámara oscura, este fenómeno responde a su proceso histórico de vida, como la inversión de los objetos al proyectarse sobre la retina responde a su proceso de vida directamente físico.”[6] De tal modo adquiere sentido el papel de una crítica de la ideología: desenmascarar las intenciones, desocultar lo oculto, poner en entredicho lo falseado por la dominación de clase.

Es así como, siguiendo a Habermas, “…la crítica de las ideologías de Marx (…) ofrece una doble haz: por un lado, presta a las ideologías de la clase dominante el engañoso aspecto de teorías convincentes; por otro, ofrece un punto de apoyo para una crítica de tipo inmanente de esos productos que elevan a interés general lo que en realidad sólo sirve a la parte dominante de la sociedad.”[7]

A nuestro parecer, la crítica de la ideología de Marx, en estos términos, ya no puede seguir operando en la actualidad, debido básicamente a dos razones, a saber:

1. Ya no existe la intención por parte de los ideólogos de la sociedad capitalista de convencer a nadie: el capitalismo ha devenido cínico, haciendo alarde de su condición de “inevitable realismo”, el cual se da como un a priori que ni siquiera necesita ser justificado, pues con su poder tautológico las teorías sólo se ocupan de alimentar una situación que se sostiene por el poder de loe hechos y, como tan, ya no necesita ser presentada bajo artilugios ilusorios.

2. Ya no existe la intención por parte de los ideólogos de la sociedad capitalista de hacer pasar los intereses particulares tras la careta de los intereses generales: el capitalismo ha devenido: el capitalismo ha devenido transparente, mostrando a vista y paciencia de todos sus estructuras, sus modo de operar y sus implicaciones destructivas y desiguales.

¿Por qué continuar con Marx, entonces? Pues, porque, según él, una critica de la ideología es fundamental para la transformación del orden social. ¿Pero si la ideología ha cambiado de sentido, cómo es posible seguir tratando de ejercer su crítica? A través de una radical reconsideración, la cual a puede ser iniciada a través de dos autores decisivos en la historia de la crítica de la ideología: Antonio Gramsci y Louis Althusser.

Cabe destacar que, pese a que ambos autores caen dentro de la categoría marxista, ellos poseen una interpretación diferente acerca del fenómeno ideológico derivado del tratamiento dado por Marx, y que puede ser resumido a través de concepto de Weltanschauung, según el cual la ideología ya no puede concebirse como una distorsión de la realidad material y concreta: es una o “visión de mundo” de la cual participan todos los sujetos, aunque de forma variada y, por tanto, posee un carácter constitutivo respecto de la realidad social.

Así, nos encontramos con un Gramsci que advierte de un error histórico en la concepción del término “ideología”, tras lo cual sostiene que ésta constituye una “concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las manifestaciones de vida, individuales y colectivas”[8] o con un Althusser, quien, polémicamente, comienza su análisis de la ideología diciendo que “La ideología alemana nos ofrece una teoría explícita de la ideología, pero... no es marxista.”, tras lo cual sostiene que “El hombre es por naturaleza un animal ideológico” [9].

Por tanto, de ambos autores podemos tomar el hecho de que la crítica de la ideología no vendría a consistir en una especie de ataque a la ideología per se, sino en un ataque hacia aquellas ideologías conservadoras que se oponen a la transformación del orden social instaurado por el capitalismo.

Una vez aclarados los conceptos principales de ideología y crítica de la ideología, cabe entonces desarrollar el argumento por el sentido de la crítica de la ideología en la actualidad. Para esto, consideramos apropiado formular tres postulados básicos, a saber:

1. La existencia humana es una totalidad material.

2. La existencia humana es una totalidad hermenéutica.

3. La existencia humada es una totalidad ideológica.

Si estos postulados se refieren al concepto de “totalidad” es porque, al igual que Hugo Zemelman, concebimos a “la totalidad como exigencia epistemológica del razonamiento analítico”[10]. No obstante, es preciso reconocer, dentro de esta exigencia, que la realidad social ha devenido compleja, heterogénea e interconectada. En una palabra: múltiple. Tal como lo sostienen Deleuze y Guattari al hablar del rizoma.[11]

Ahora bien, la pregunta es ¿cómo compatibilizar los conceptos de “totalidad” y “multiplicidad”? A nuestro parecer, esta tensión puede ser superada a través del reconocimiento de ambos conceptos en tanto constitutivos de la existencia, forjada en la modernidad en referencia al poder. Y es que la modernidad es constante tensión, en la cual se ponen en juego líneas de poder de un grosor considerable junto con otro tipo de líneas que poseen una finura tal que están constantemente amenazadas con romperse o disolverse en el entronque principal.[12]

El poder. Claramente el tema central al hablar de crítica de la ideología. ¿Qué se critica sino el poder del capital de infiltrarse en las vidas y de dominarlas? Pero ¿qué es el poder? Según Foucault “…el poder no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada.”[13] De tal modo, concebido como una red en la cual se desatan relaciones de fuerza, el poder guía la materialidad, la hermenéutica y la ideología de los sujetos en la modernidad.[14]

A nuestro parecer, la totalidad debe ser concebida como el “fundamento epistemológico”, la multiplicidad debe ser concebida como “la condición sine qua non”, y el poder debe ser concebido como la “contextualidad” en la cual se desata la existencia humana que siempre está referida a otros.

Luego de esta aclaración, es imprescindible señalar que estos postulados, tomados en su conjunto, implican una revisión radical de la concepción de Marx acerca de la crítica de la ideología. Puesto que, si bien, la primera consideración –sobre la materialidad- no cae en tensión con sus planteamientos básicos acerca de la historia, en relación a la segunda –sobre la hermenéutica- puede haber una resistencia, tomando como referencia su famosa sentencia en la cual opone interpretación y transformación de la realidad[15]; y, más aún, respecto de la tercera –sobre la ideología-, manifiestamente hay un desacuerdo, ya que, como lo vimos, según la concepción de Marx la ideología, ésta es una especie de construcción artificiosa que encubre las relaciones sociales que están asentadas en la estructura de la producción material, las oculta, y, por consiguiente, produce un falseamiento del mundo.

Pero todas estas divagaciones de nada servirían si no respondiéramos de una vez y por todas a la pregunta inicial: ¿cuál es el sentido de la crítica de la ideología, si creemos que aún es actual? La respuesta es esta: el sentido es la resistencia y la confrontación reconsideradas. ¿Qué quiere decir esto? ¿Adaptarse con ropajes desgastados de revolución? No. Quiere decir dar paso a la diversidad de lo discursivo y a la potencialidad de lo práctico, pero desligándonos de las visiones unilaterales. La Verdad (así con mayúscula) no existe. Ha quedado más que claro que la historia no posee leyes generales que pudieran determinar su curso. Todo lo contrario. Existen fragmentaciones. No obstante, y recalcamos, esto no implica un relativismo sin más, sino más bien un asumir que en la fase actual de la modernidad –cuyo eje articulador es el capitalismo- coexisten diferentes líneas materiales, interpretativas e ideológicas. Y si una predomina sobre otra es debido al poder que posee en comparación a las otras. En otras palabras, se resuelve la supremacía en términos de correlaciones de fuerza.

De modo tal que se debe reconocer lo relativo y parcial de las líneas de existencia que configuran a quien desea realizar una crítica de la ideología en la actualidad, pero a su vez asumir el imperativo de aunar fuerzas y realizar nuevas construcciones sociales con el fin de resistir y confrontar aquellas líneas de existencia que dominan a todas las demás en el capitalismo mundialmente integrado, sin perder como horizonte último el de la emancipación.

En conclusión, podemos decir que la crítica de la ideología de Marx se orientaba a confrontar concepciones “veladas” de la realidad social, que les daba el apelativo de “falsa conciencia”, atribuyéndose implícitamente una especie de conciencia no velada o “verdadera” de la realidad social. Hoy en día, en cambio, el capitalismo se ha vuelto cínico y transparente, se hace imperativo reformular desde sus raíces la critica de la ideología marxista, teniendo siempre como horizonte la autenticidad que, a nuestro parecer, se orienta mediante la reflexividad y la praxis. En otras palabras, consideramos que toda crítica de la ideología que se jacte de ser auténtica debe, por una parte, comenzar por volcar la mirada a sí misma, reconociendo que la propia crítica es ideología y, por otra, debe contener el germen de su propia disolución, en base a una praxis revolucionaria. Es precisamente esto lo que nos ha heredado con mayor potencial Marx y que sigue alimentando como una llama la confrontación al capital.



[1] Guattari, F.: Cartografías del deseo. Edit. Lord Cochrane, Santiago, 1989.

[2] Kant, I.: ¿Qué es la ilustración?, en Filosofía de la historia, Ed. FCE, México, 1994

[3] Sloterdijk, P.: Crítica de la razón Cínica. Vol. I, Madrid: Editorial Taurus, año 1989

[4] Es en los manifiestos antidogmáticos del inglés Francis Bacon donde encontramos el antecedente más relevante de la ilustración en tanto realizadora de una crítica ideológica.. En este caso, la crítica proclamaba la lucha contra los “idola”, es decir, los prejuicios colectivos heredados por la tradición, a los cuales oponía la racionalidad de la ciencia.

[5] Cassirer, E.: Filosofía del Iluminismo. Citado en Zeitlin, I.: Ideología y teoría sociológica.

[6] Marx, K. y Engels, F.: La ideología alemana: Crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner, y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas; Barcelona: Ediciones Grijalbo, S.A., año 1970.

[7] Habermas, J.: El discurso filosófico de la modernidad, Editorial Taurus, Buenos Aires, 1989.

[8] Gramsci, A.: Antología. México: Siglo XXI editores, año 1970. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán.

[9] Althusser, L.: Ideología y Aparatos ideológicos de Estado. En Zizek. S.: Ideología: un mapa de la cuestión. México: Fondo de Cultura Económica, año 2003. (Extractado de Althusser, L.: Ideología y Aparatos ideológicos de Estado. Freud y Lacan, Buenos Aires, Editorial Nueva Visión, año 1988)

[10] Zemelman, H.: Los horizontes de la razón: I. Dialéctica y apropiación del presente, Ed. Anthropos, Barcelona, 1992, pág. 50.

[11] Deleuze, G. y Guattari, F.: Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia, Ed. Pre-Textos, Valencia, 1997.

[12] “La vorágine de la vida moderna ha sido alimentada por muchas fuentes […] En el siglo XX, los procesos sociales que dan origen a esta vorágine, manteniéndola en un estado de perpetuo devenir, han recibido el nombre de «modernización». Estos procesos de la historia mundial han nutrido una asombrosa variedad de ideas y visiones que pretenden hacer de los hombres y mujeres los sujetos tanto como los objetos de la modernización, darles el poder de cambiar el mundo que está cambiándoles, abrirse paso a través de la vorágine y hacerla suya. A lo largo del siglo pasado, estos valores y visiones llegaron a ser agrupados bajo en nombre de «modernismo»”. En Berman, M.: Todo lo sólido se desvanece en el aire: La experiencia de la modernidad, Editorial Siglo XXI, México, 1998, pág. 2.

[13] Foucault, M.: Historia de la sexualidad, vol. I: La voluntad del saber, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2003, pág. 113.

[14] No es, en este sentido, que antes no haya existido el poder como aquí se describe ni que no pueda referirse con este concepto al análisis de épocas anteriores. Pero su descubrimiento o, más bien, su construcción teórica es específicamente moderna y dirigida a las problemáticas acaecidas en la modernidad.

[15] “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos de diversas modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” En Marx, K.: XI Tesis sobre Feuerbach.

Ponencia de Rodrigo Assef (Exponente del 1º coloquio de estudiantes)

LOS TRABAJADORES INFORMALES URBANOS EN EL CAPITALISMO NEOLIBERAL: una aproximación desde la dialéctica materialista.

Por Rodrigo Assef S.

La siguiente ponencia busca aplicar algunas categorías propias de la dialéctica materialista al análisis del fenómeno de la llamada Economía informal, dentro del contexto neoliberal.

El término Economía informal viene a definir una gran heterogeneidad de labores productivas, comerciales y de servicios que se realizan al margen de la reglamentación estatal. La OIT, en su Conferencia Internacional del Trabajo en 2002, ha integrado bajo este concepto las labores urbanas y rurales, como también los trabajos que presentan relaciones de producción y/o relaciones de empleo informales. También plantea un umbral de informalidad en todas las unidades de producción que ocupen hasta cinco o diez trabajadores en sus labores, según el país. Existe una vinculación generalizada entre los trabajadores informales y la pobreza o trabajadores empobrecidos, lo que nos impulsa a ver a las unidades de producción informales como uno más de los mecanismos de supervivencia de los sectores marginalizados dentro de la clase trabajadora.

En Chile, no existe una estadística oficial de informalidad que se encuentre a disposición del público. Consecuentes con la máxima neoliberal “Chile: un país de empresarios y no de proletarios”; la estadística se centra en la microempresa, establecimientos de baja productividad, pocos trabajadores por unidad de producción y con serios problemas de conseguir financiamiento para invertir en bienes de capital, por lo tanto, con bajo o ningún nivel tecnológico en sus procesos productivos. Según el directorio del Servicio de Impuestos Internos en 2002, el 82,8% de las unidades de producción inscritas se clasificaron como microempresas por tener un rango de comercialización en UF de 1 a 2.400 anuales, es decir hasta los 432 millones de comercialización anuales (o 36 millones por mes). Este amplísimo rango de ventas tiene una división interna impulsada desde el Banco Estado, que incluye el rango de microempresas entre 350 y 600 UF de ventas anuales. Siendo el primero poco mas de 500 mil pesos de ventas mensuales, y el segundo cerca de los 900 mil.

Todas estas unidades productivas se encuentran integradas legalmente al movimiento comercial e impositivo chileno. Ninguna de las 82,8% de microempresas del directorio del SII son informales por las condiciones legales de iniciación de actividades, pero sí pueden serlo de acuerdo a las relaciones de producción o las de empleo que de cada unidad de producción. A este espectro poco definido, debemos agregar a todas las unidades de trabajo propiamente informales por estar al margen de las condiciones legales de iniciación productivas, por tener relaciones de producción informales y por tener relaciones de empleo del mismo tipo. Nos centraremos en estos tres factores de informalidad para reconocer los actores involucrados en el fenómeno y desarrollar nuestro análisis materialista.

Dentro del factor legal, los trabajadores informales, en específico los vendedores ambulantes han generado una división interna en torno al tipo de producto que comercializan. Para ellos están quienes trabajan con mercancías legales o ilegales, siendo los últimos quienes comercializan productos ‘piratas’ o realizan estafas de bajos montos a los transeúntes. La investigación académica ha definido una separación entre la Economía Informal y la Economía Subterránea en donde caben estos trabajadores que transan productos ‘ilegales’. Pero en nuestro país todos los trabajadores y trabajadoras ambulantes informales corren el riesgo de ser detenidos, con la consiguiente pérdida de la mercancía, el pago de una multa para ser puestos en libertad y una citación al tribunal respectivo – de policía local o del crimen-. La distinción sobre qué tipo de producto se comercializaba viene una vez que el trabajador se encuentra en la comisaría. Este hecho ha obligado a los informales a protegerse conjuntamente, organizando vigilancias colectivas de las zonas de comercio, cerrarse a la incorporación de trabajadores desconocidos por el medio, etc., a pesar de que reconocen que el problema de la piratería y la delincuencia son lo que más los aleja de obtener soluciones colectivas frente a los municipios.

La investigación académica nacional ha colocado a todos los tipos de unidades de trabajo informales bajo la misma sombra de informalidad ilegal, los que según el trabajo de Doris Cooper generan una “contracultura del hampa” donde incluye a trabajadoras y trabajadores sexuales, vendedores ambulantes, traficantes y microtraficantes de drogas, ladrones profesionales y domésticos, etc. Naturalmente que estas publicaciones entregan un sustrato teórico a las acciones de grupos gremiales como la Cámara Nacional de Comercio ( CNC ) contra el trabajo informal, a pesar que permiten tener estadísticas actualizadas sobre el tema al financiar estudios encargados a Universidades privadas ( por ejemplo, el aumento del 12,8% de vendedores ambulantes a nivel nacional, en diciembre 2005; la constatación de la variable precio como la principal promotora de las ventas informales; captar un proceso de fidelización entre consumidores y vendedores otorgándose ciertas ‘guarantías’, en octubre 2005; etc.). Los municipios son quienes deben resolver el problema del trabajo informal en su territorio, ya que siendo ellos los que entregan patentes a establecimientos comerciales, el ilícito se realiza de acuerdo a la jurisdicción municipal. En general, la represión coordinada con carabineros con uniforme de servicio y civiles, se impulsa desde aquí. El efecto producido por estas acciones ha significado más la migración de los informales a otras comunas colindantes, que el abandono de la práctica laboral. A pesar de todo esto algunos municipios han iniciado un proceso de otorgamiento de patentes de gracia, principalmente para el comercio ambulante en ‘carritos’ y en ferias libres, y si bien no existe información estadística reciente sobre la cantidad de permisos otorgados, sabemos que su costo bordea 1 UTM semestral como promedio. Esta es la primera expresión de apoyo a los trabajadores informales en cuanto a su establecimiento, cobrando un impuesto que les resta flexibilidad de acuerdo a la patente conseguida, pero que los incorpora como microempresarios formales.

El segundo factor se encuentra determinado por ciertas condiciones de empleo que se pueden catalogar como informales, donde también podemos incluir a algunas micro, pequeñas e incluso medianas empresas legalmente constituidas.

La relación de empleo informal se vincula directamente con la necesidad de ahorro de una unidad de produccíon. El tipo de acumulación neoliberal ha generado nuevas formas de ahorro de capital fijo y de mano de obra, expresado en empresas formalmente establecidas que contratan a empleados de modo informal; o lo que es más común, empresas formales que subcontratan a otras empresas formales para sus servicios de baja especialización, que se proveen de mano de obra informal; o que estas mismas empresas subcontratadas, en realidad sean empresas informales de tipo familiar u otro. Bajo la necesidad productiva de la “especialización flexible” neoliberal, los empleos sin calificación sufren la precarización de sus condiciones laborales por relaciones de empleo no contractuales, que facilitan relaciones de producción altamente explotativas y al margen de la legislación estatal. Dentro de las unidades de producción propiamente informales, la relación de empleo más generalizada de este tipo es la incorporación de algún trabajador familiar no remunerado como activo libre, sea menor de edad o no.

La relación de producción informal es el último factor a definir. Esta viene a materializar las condiciones impuestas desde los factores anteriores. El marco de ilegalidad que envuelve a las unidades de producción informales no sólo significa un riesgo ante la represión, sino que los informales tampoco reciben los ‘beneficios sociales’ de los trabajadores por producir, como previsión, mejor salud, acceso a créditos, etc. La relación de producción informal es, como dijimos, altamente explotativa y autoexplotativa porque el margen de ganancias se da por la capacidad del trabajador de generar ventas, para las unidades de producción comerciales; de generar productos, para las unidades de trabajo productivas; y de atender a más clientes, en las unidades de producción de servicios. Lo que se traduce en larguísimas jornadas de trabajo, por lo general entre doce y catorce horas por día. Pero lo que entrega la especificidad neoliberal a las relaciones de producción informales, es primeramente, que muchas veces no es una opción laboral sino que han sido trabajadores, o arrastrados desde las últimas crisis económicas mundiales, en 1982 y 1997, por crisis de empleo, o que los nuevos integrantes de la fuerza de trabajo urbano no encuentran ocupación en el sector formal y caen en el informal. Obviamente, en el sector informal de la economía, el nivel de empleo se encuentra determinado por el excedente de fuerza de trabajo y por la posibilidad que ofrece el mercado de producir, vender u ofrecer algún producto o servicio.

En general que existan unidades de trabajo informales cuyos productos tengan salida comercial o de servicios, significa también que hay una posibilidad para su existencia, un nicho productivo llenado por estos trabajadores que apelan a ciertas características específicas de los mercados de productos de países no industrializados, por lo menos. La falta de acceso generalizado a equipos, hace que los consumidores recurran a servicios informales más económicos que los establecidos; la carencia en la capacidad de consumo se suple con los informales que aumentan la diversidad de oferta, funcionando como intermediarios que acercan los productos de importación a los consumidores. Finalmente, puede que los consumidores prefieran un mercado con ciertas características de competencia perfecta, principalmente porque a los informales les resulta más difícil alterar precios por su bajo poder de negociación con las distribuidoras de insumos o mercancías.

Los investigadores evidencian la incapacidad económica del mercado de trabajo neoliberal de absorber toda la nueva fuerza de trabajo en el sector formal, suficiente para mantener un equilibrio entre ocupados y cesantes. Pero no analizan las necesidades específicas del modelo de acumulación capitalista neoliberal, que ha pasado de un modelo “fordista” a uno “postfordista” a falta de un concepto más original, ya que el segundo no es la continuación del primero, pero tampoco es su antitesis, pues ambas lógicas son capitalistas donde en la segunda se abandona el objetivo del pleno empleo. Aquí el ahorro de capital fijo ha significado externalizar la cadena productiva de una mercancía en un determinado número de unidades productivas menores, integrados verticalmente a las necesidades productivas de la gran y mediana empresa. En esta estructura vertical, semejante a un racimo de uvas desgranado, podemos identificar en las puntas de cada gancho el lugar dejado a los trabajadores de las unidades de producción informales, trabajadores independientes en el papel, pero que reciben todo el peso expoliativo de una gran cadena productiva. Y pregunto ¿no son los chocopanderos quienes han enriquecido a Panda, Fruna y otros? ¿No son los ambulantes los que facilitaron el florecimiento de las empresas de importación de productos chinos, indúes y tantos más? ¿Para quiénes están hechos los productos desechables tamaño económico? Para los bazares de barrio, los puestos de feria y los ambulantes. Y es este hecho el que configura al sector económico informal, a pesar de la alta valoración que tienen de su trabajo los trabajadores informales, en un sector reproductor de las condiciones materiales de clase en general y de las condiciones materiales más precarias de la clase trabajadora en particular. Trabajar informalmente no es un negocio redondo como se quiere hacer creer desde los medios de comunicación. Pero requiere un alto nivel de represión policial y desacreditación social para que las características cualitativas propias de este sector de trabajadores netamente popular, lleguen a crecer más; y que el bajo nivel de competencia que los informales pueden lograr respecto de los establecimientos formalizados se transforme en un poder económico real.

En ese sentido, discuto el término Economía Informal, puesto que faltan todavía muchas condiciones materiales para que logre una dinámica de funcionamiento propia, alternativa al sistema económico actual. Y si lo logra, ya no podríamos definirla con un concepto dicotómico y negativo, sino que por lo menos debería de dar cuenta de cierta paridad de capacidades. Pero no especulemos, las condiciones materiales no existen y de hecho son adversas como formas de empoderamiento popular. En otros países latinoamericanos donde el comercio de exportación-importación no es tan fructífero, o de orientación unidireccionada como en Chile, el apoyo a los informales se encuentra tan institucionalizado (como en Brasil o Uruguay), que incluso les permite agregarlo al índice Producto Interno Bruto PIB, como en Bolivia o Ecuador.

En vez de Economía Informal, debemos aglutinar la heterogeneidad informal de acuerdo a su materialidad principal, el trabajador, y por tanto llamarlo Trabajo Informal Urbano o Rural, lo que nos permita orientar la intervención académica en el sujeto de cambio, articulándolo con otras reivindicaciones propias de su clase, y no en el objeto de su acción social, con lo que estaríamos enajenando la investigación y el esfuerzo del investigador mismo.

Los Trabajadores Informales son la última escala de la división social del trabajo en las grandes cadenas productivas. De hecho, los ingresos informales devienen de los ingresos que los trabajadores perciben en el sector formal de la economía. Estos ingresos informales retornan para ser gastados en bienes y servicios propios del sector formal. Quizás el Trabajo Informal sea mas un problema que una contradicción del sistema, pero sin duda devela problemáticas serias de su funcionamiento. Si el trabajador informal permite resolver la subsistencia de un grueso de la fuerza de trabajo urbano popular, pareciera que ayuda a mantener la cohesión social más que promover sus contradicciones ¿Qué elementos deben desarrollar cualitativamente para que se constituyan como tal?

Las unidades de producción informal son muchas veces más exitosas en cuanto a ingresos que lo que percibe un trabajador asalariado con el mismo nivel de especialización. El salario mínimo no se encuentra ni cerca de las intenciones salariales de los trabajadores informales, cuyo índice de salario de escape se encuentra cerca de los doscientos mil pesos. Esta valoración se da principalmente por la flexibilidad con que se integran a las cadenas productivas mayores. El grado de flexibilidad es tal que parecieran controlar efectivamente los medios productivos que utilizan para trabajar. Pero realmente sólo alcanzan a organizarlos de acuerdo a su conveniencia, al igual que su jornada de trabajo, horas de descanso, etc., aunque muchos se reconocen esclavos de su trabajo, pues para salir de vacaciones deben trasladarse también con su ocupación informal. Estos elementos muchas veces los hace despreciar el trabajo asalariado, porque a su bajo nivel de calificación, no hay comparación con los ingresos que pueden alcanzar informalmente.

Aún con el apoyo de los municipios para formalizar a algunos trabajadores ambulantes, son las condiciones de trabajo flexible lo que impulsa a estos trabajadores a mantenerse trabajando de manera independiente. De todas maneras el trabajo independiente, entre ellos el ambulante, se ha convertido en una opción concreta de trabajo por oposición a las formas salariales, pero que no ha podido constituirse como un elemento de articulación social de alternativa al sistema o prorevolucionario.

Ponencia de Alexander Páez Espinoza. (exponente del 1º coloquio de estudiantes)

Una interpretación marxista de las transformaciones en la civilización capitalista moderna, desintegración sistémica. La oportunidad incierta de la creación de un nuevo orden

Alexander Páez Espinoza.

I.- Introducción

Un Coloquio sobre Marx, a mi modo de ver, invita a una reflexión desde Marx, no sobre Marx. La instrumentalización de la teoría, como herramienta eficaz (en todo sentido histórico que se precie de la negatividad como principal componente de lo real también) de interpretación histórica, es lo que me es más atractivo para comprender la época en la que estamos. Por lo cual, entendiendo la multiplicidad de sentidos que se pueden dar de un texto, el análisis sobre el capitalismo provendrá de Marx, pero sin Marx, o sea, es una interpretación de lo real desde un punto de partida X. Mientras más asumido un concepto, más urgente es su dilucidación, incorporando matices teóricos que logren una aceptación de lo complejo del proceso histórico, así como, una interpretación sencilla y clara de lo que “conceptualizamos” en tanto experiencia histórica como “capitalismo”. En realidad el capitalismo como tal no existe, es decir, no es un ente, es más bien, un concepto que buscó albergar la forma de organizar una determinada producción material, que era distinta en su sentido de otras formas de organizar lo material, y en su debido tiempo “lo espiritual” – como creación de lo humano en la expresión técnica de un sentido de lo humano mismo- La fetichización subjetivista (como prolongación de la caracterización de sujeto que realizamos a un concepto “el capitalismo es esto, e hizo esto, por culpa del capitalismo, etc,etc.”) marxista o no marxista, produjo el olvido de lo histórico y lo social en la interpretación de este sistema organizacional, lo histórico y lo social da el matiz necesario para entonar el núcleo trunco de cambio de organización: la organización misma y su sentido como caduco o abierto. Esta interpretación es posible en Immanuel Wallerstein, sociólogo, politólogo, historiador y economista estadounidense que gracias a distintos aportes teóricos ha logrado una síntesis interpretativa desde Marx de la estructura misma del capitalismo histórico (como contrapuesto a rigideces ideológicas). Su alimento comprensivo fundamental proviene de Fernand Braudel, y en especial su categoría de tiempo de largo aliento, y a causa de eso la categoría histórica de economía-mundo. Es por lo tanto, una interpretación de Wallerstein, donde Marx resonará todo el momento, sin ser nombrado nunca. Es la interpretación histórico-social-político del capitalismo histórico desde una perspectiva marxista, desde la explotación y el acumular por acumular. Y la inclusión de un no tan nuevo actor social, los Nuevos Movimientos Sociales (NMS), como central en el juego de la transformación social en la economía-mundo actual.

II.- El sistema-mundo capitalista. Una interpretación histórica del proceso de transformación actual.

1.- La economía-mundo. Categoría histórica base para entender el capitalismo histórico.

La economía-mundo es una categoría utilizada por Braudel[1] en sus análisis históricos. Es la forma de organización básica de la vida material en que se sostiene el sistema-mundo capitalista. Esto es, una organización que parte desde la organización económica hacia arriba. Como se organiza todo lo que somos materialmente y desde ahí el resto. La vida material en Braudel[2], es más amplia que lo que lo entienden los economistas clásicos, e incluso más amplia que cualquier entendimiento realmente. No es la economía, como sub sistema. La vida material genera una economía, pero no es en sí una economía. Así el sistema-mundo capitalista genera o se inicia con un particular sentido, un sin sentido[3] del acumular por acumular. La vida material toda se organiza bajo este principio, la economía-mundo es así, una organización social que parte del supuesto de acumular por acumular, en donde los capitalistas generan pautas económicas y políticas que encaucen sus intereses como nunca antes en un sistema histórico.

Por lo que, tenemos capitalistas que “necesitan” acumular por acumular, necesitan por lo tanto de una estructura política que les permita tal acción. Según Wallerstein, esta estructura política es el sistema-interestatal. Básicamente el sistema interestatal funciona con una paradoja, o eventual contradicción, que más bien, es solo funcional a intereses de acumulación. El proceso de acumulación necesita de estados fuertes que controlen rebeliones y ayuden la prorrogativa de monopolios[4]. Pero, a su vez, necesita de estados no tan fuertes como para que obstaculicen al proceso mismo de acumulación, y permitan el flujo libre de las inversiones. Todo lo último, se diría es obvio, es lo que se define normalmente como globalización. Pero lo que Wallerstein define, no es el actual proceso de acumulación, ni de flujo de capitales, ni ordenamiento político internacional. Es la estructura básica que se comenzó a formar a finales del s XV, y que maduró ya completamente a finales del s XVIII incluso antes. Es decir, el capitalismo en su estructura económica fundamental es internacional, aspira a la totalidad del globo, por su intrínseco funcionamiento, necesita para las soluciones de sus caídas cíclicas, nuevas fronteras de expansión geográfica.

Otra importante tesis Wallersteniana, es que el capitalismo ya es TODO el globo, es un capitalismo mundial. Solo le quedan fronteras internas que ya esta disolviendo. Esto es importante al entrever el por qué el autor llama desintegración el momento actual del sistema. Básicamente, dado un exceso de producción, producto de la necesidad de acumular por acumular, y de el siempre lento y conflictivo tema de la demanda, que siempre esta mediado por el conflicto del salario, o de los beneficios de los trabajadores por el reparto del excedente. Debido a este conflicto no hay siempre compradores para lo que se vende. Se buscan nuevas posiciones geográficas donde venderlas, o bien, se produce menos, y para no perder tasa de ganancia, se busca nuevos territorios donde poner las industrias y la costos de producción bajen. Esto también es lento, pero solo en el centro, donde los trabajadores tienen un poder de negociación alto. Por lo que las industrias se trasladan al Sur, donde obviamente la fuerza política de éstos es baja. Pero no basta con esto, se buscan nuevos demandantes, y siempre quienes tienen real poder de adquisición están en el Norte, por lo que el conflicto esta en ampliar las zonas urbanas, y tener mayor demanda de la fuerza de trabajo, que baje el precio de venta de la misma, abaratando costos de producción y así sostener la caída de la demanda mundial, especialmente en el centro. Pero este proceso de ampliación de las zonas urbanas, o proletarización, esta llegando a sus limites, dado que el globo terráqueo, siendo un sistema finito, no tiene más zonas de expansión, y las posibilidades de mercantilización, también son finitas, aunque éstas siempre están más lejos de estar acabadas ya. Pero por lo menos una de las posibilidades de soluciones para las recesiones cíclicas esta llegando a su fin.

Acá se toca un tema que provoca cierta resistencia, y es que el buen funcionamiento, el eficiente funcionamiento del sistema-mundo capitalista, es el que genera su mismo derrotero. Es decir, todas las soluciones a los cuellos de botella que el mismo funcionamiento produce, y que con tanto éxito lograba salir airoso, producen en definitiva un efecto espiral, y no tan solo cíclico. El mejor de los ejemplos es el anteriormente señalado. A su vez, para considerar uno de los ataques lógicos que se le pueden hacer a este tipo de interpretación, donde los siempre atentos defensores del status quo, o algunas voces criticas de cierto estructuralismo marxista, criticarían la visión mecanicista de ésta. No hay espacio en este trabajo, sería una tesis, además que defensas gremiales al respecto no interesan, pero si importa quizá defender una posibilidad abierta de entender “históricamente” un sistema que trae tantos equívocos y frustraciones.

La premisa básica de Wallerstein, es que existen tres niveles para entender este capitalismo histórico, el económico (como Braudel, más que la economía) donde se establecen las estructuras, es decir, la larga duración, el tiempo lento;

“cuando se trata de un grupo humano bastante grande, a pesar de su voluntarismo, a pesar de sus ensayos, a pesar de su deseo de hacer las cosas bien, a pesar de sus ideas de reforma, a pesar de sus explosiones revolucionarias, se parece un poco a una balsa llevada por la corriente de un río. El río no se desplaza tan fácilmente. Si se desplazara de prisa, hace tiempo que habríamos observado la realidad de una historia subyacente. No lo hemos notado, porque la velocidad es casi imperceptible. La posición que es mía es una posición contra la gran libertad de los hombres y –ésta es una de mis aflicciones más hondas- en las concepciones y teorías que propongo y cada vez que reflexiono, la libertad de los hombres se estrecha más y más. Por desgracia tengo miedo de no equivocarme”[5].

Pues bien, esta estructura organizativa, creo el sistema interestatal antes mencionado. Existe un tercer nivel, el ideológico, el correlato geocultural, este es paralelo al desarrollo de las estructuras de la economía-mundo y es el inicio de la modernidad. A este nivel, se establece lo político-ideológico-cultural como esencial, y como legitimador de una economía-mundo capitalista. A este respecto, para atender y hacerse cargo de la Weltanschauung de la modernidad, nacieron distintas respuestas ideológicas que pretendieron de alguna manera hacerse cargo de aquello. Es el caso del liberalismo, los socialistas y los conservadores. La ideología para Wallerstein no es nada más que programas políticos que pretender guiar a su favor la naturaleza de la modernidad cultural[6]. Pues bien, en este amplio e histórico panorama, el sistema-mundo capitalista moderno, tiene medidas de funcionamiento básicas, es barril con fondo, no sin él, como lo creen tanto izquierda, como centro, pues los que están a cargo del buque saben muy bien sus límites. Esa finitud, y contradicciones básicas son las que trata de dar cuenta esta interpretación, novedosa no es su búsqueda, en sus soluciones, en sus resultados, esta la novedad. Pero bueno, alcancemos el por qué no es tan mecanicista. Básicamente, en que se pone como esencial algo fundamentalmente olvidado hoy en día, por ese resquemor marxista que produce alergia a los novedosos de ahora, la lucha de clases, esta vez entendida en su más amplia acepción, que se puede actualizar en los Nuevos movimientos antisistémicos. Diversos, no tan solo como el obrero industrial, ahora como trabajadores todos, ya que hoy la mayoría del mundo es asalariada y esta en algún tipo de trabajo, pero con medidas distintas de la búsqueda de algo nuevo, de algo que satisfaga las medidas básicas de mantenimiento de la vida que este sistema no logra.

Sería interesante manejar las cifras que manejan a este nivel. Hay pruebas suficientes de pauperización mundial, de rebrote en su máxima expresión como nunca antes de la polarización mundial[7] que produce este sistema[8]. Bueno, la lucha por la apropiación del excedente es lo que produce que la tasa de ganancia se vea disminuida, causa a su vez, de la lenta reubicación de la demanda, que no es como creían los viejos economistas clásicos y neo clásicos, en directa función con la demanda, a ambos las media el proceso de distribución que los estados controlan. Y así, el proceso político es quien esta en las entrañas mismas del funcionamiento estructural del sistema, se puede decir incluso que es quién otorga el balance negativo a las cuentas que deben estar haciendo los capitalistas principales en los últimos años, no de manera inmediata, sino como baja de la tasa de ganancia a largo plazo desde hace un tiempo. Y la baja de la tasa de ganancia de los capitalistas mas importantes, se quiera o no se quiera, mueve criterios de crisis, de recesiones, de desempleo, de guerras en algunos casos, mueve en definitiva el sistema-mundo en su totalidad. Hasta que los seres humanos tengan que comer, hasta ese día, el proceso de trabajo o creación de las formas de organizar la vida material será esencial y siempre el punto conflictivo. En este caso particular de este sistema histórico, produce una forma desigual radical de bienestar material, es intrínsecamente polarizador, produciendo una desigualdad mundial nunca antes vista en sistemas históricos anteriores[9].

La desintegración sistémica. La oportunidad de la creación. El papel de los nuevos movimientos antisistémicos.

Ahora intentaremos mostrar la injerencia de lo político en el núcleo mismo de esta organización material de la vida que hemos llamado economía-mundo, y que para esta época corresponde al sistema-mundo capitalista. Es el caso de los Nuevos movimientos sociales (NMS) antisistémicos. Como actores relevante en el sistema-mundo capitalista, que ya sentenciamos funciona políticamente. Es así como, el mismo Wallerstein aclara,

“todo monopolio es político. Jamás podremos penetrar en la economía, ahogar o cercar las fuerzas del mercado sin una garantía política. Se necesita la fuerza, la fuerza de alguna autoridad política, para levantar en principio barreras no económicas a las transacciones económicas, para imponer precios exorbitantes, o para garantizar compras no prioritarias. La idea de que se puede ser capitalista (en el sentido de Braudel) sin el Estado, es decir, contra el Estado, es simplemente extravagante.”[10]

Para Riechmann los NMS son emancipatorios, es la transformación de la humanidad lo que esta en juego en la mayoría de ellos,

“la reproducción social global se ha vuelto problemática, y ello es indicio de la profundidad de la crisis contemporánea”[11]

Esto está en directa relación con el poder político estatal, y las estrategias de funcionamiento de los NMS. En efecto, el estado es criticado por partida doble, por un lado se establece como limitado por un sistema interestatal que hace endeble a cualquier estado particular y como central para los intereses de acumulación en la creación de monopolios (por intervención o por omisión) cualquier apropiación de él es inútil. A su vez, se critica su poder de intervención y dominación en la autonomía del sujeto, disminuyendo su autocontrol y autodeterminación, controlado por poderes científicos y tecnocráticos[12].

Así mismo, el funcionamiento de este sistema, depende fundamentalmente del contrapeso político que se le pueda dar a las fuerzas dominantes que hoy controlan la totalidad del sistema. Se ha aclarado la importancia política de este control, una forma más amplia de entender lo económico, en tanto economía-mundo, y a su vez se ha hecho referencia a lo central del conflicto dentro del sistema. Pues bien, a este punto se llega al concepto de desintegración sistémica de Wallerstein, de forma simple refiere a lo siguiente; a una fase de caos, en el cual cualquier fluctuación interna que se de en el sistema, generará estructuras de orden de largo alcance que se plasmarán en la formación del nuevo sistema producto de la inestabilidad. Esta fase de caos, no es el mal funcionamiento inmediato del sistema, más bien, el sistema seguirá funcionando según sus requerimientos, pero los insumos que utilizaba para recuperarse de su “normal” funcionamiento ya no estarán. Habrán, por lo tanto, fuerzas políticas que se apropiarán de este momento endeble, de gran fragilidad en las estructuras de orden, pero también, y esto es lo más importante, el futuro será siempre incierto, pues en el presente no se pueden prever todos los factores mínimos que incidirán en el desarrollo del futuro sistema por crear. A esto es lo que llama a impensar el futuro, a tener presentes las herramientas actuales para incidir en un futuro que no se sabe nada de él, pero que se puede hacer mucho por él. Es en este sentido, dando un revés a los estructuralistas y a los voluntaristas, donde los NMS adquieren relevancia, quizá como nunca antes. Wallerstein, identifica a este momento como de crisis de civilización y no una recesión más, o revuelta cíclica de la producción. Los factores son tanto políticos, sociales, culturales y económicos. Es así como se entiende que Riechmann diga

“los NMS no comparten la concepción lineal de la historia, la creencia en el progreso entendido como desarrollo material y moral interminable”[13] (Critica Cultural)

Que caracterice a estos movimientos con una estructura organizativa, descentralizada y antijerárquica, con desconfianza tanto hacia la burocracia como hacia los lideres carismáticos (Critica Política. Deslegitimación) Riechmann caracteriza a los NMS de manera que politizan la vida cotidiana y el ámbito privado, transformando las formas mas simples de convivencia, dada su critica a la forma total de organización social[14]

Para comenzar a cerrar y recalcar los objetivos de este ensayo, Riechmann, al igual que Wallerstein, recalca que lo nuevo de los NMS es que son expresión de una crisis de civilización[15]. Para Wallerstein, nace de la crítica a la Vieja Izquierda (New Left) como el caso de los movimientos por los DDHH, el Antigloblalización, el Nuevo Movimiento Ecologista, en el sentido de que los movimientos antisistémicos tradicionales “eran parte del problema y no de su solución”[16]

El nuevo orden civilizatorio, por lo menos en lo embrionario de sus perspectivas será el fin de los movimientos anti-sistémicos actuales[17]. Y ya que, en el análisis histórico de Wallerstein estamos entrando en una fase de desintegración sistémica, estos movimientos sociales tienen algo que decir. Sus propias estructuras flexibles de organización, su apropiación de lo local como participación cotidiana de transformación[18], su intrincada red internacional de funcionamiento –frágil, incipiente- (como es el caso del Foro Social Mundial de Porto Alegre) pueden ser embrionarias estructuras de creación de un nuevo orden político. Sin embargo, las restricciones estructurales siguen funcionando, recordar que el sistema seguirá su funcionando “normal”, los estados a pesar de su debilidad, seguirán siendo fuertes para los incipientes gérmenes de autoorganización, los “grupismos” que observa Wallerstein, que otros llaman explosión de identidades, se revelan cerrados y autoprotegidos, sin cadenas de solidaridad entre grupos, la diversidad de fines es también una debilidad (frente a la uniformidad lograda por el viejo movimiento obrero, obviamente del Norte) pero puede ser una fortaleza en el caso de aunar diversidades en estrategias comunes. En fin, nada esta escrito es lo que mandan a decir los teóricos del cambio de civilización, la incertidumbre, para aquellos que se asustan, o se burlan, no es la “evanescencia de lo sólido y el orden”, menos la imposibilidad de conocer (por lo menos lo es, tal cual lo hacen algunos positivistas) es la posibilidad (afirmación para no seguir la regla de la negación) de crear, de innovar en estructuras lejos del equilibrio, de participar de la reconstrucción de un orden desde el desorden, a eso invita una nueva mirada. No al solipsismo posmoderno, invita a rescatar una viejísima tradición, olvidada por la asombrosa luz de los avances tecnológicos, es la modernidad de la liberación

“pero no era un triunfo de la humanidad sobre la naturaleza, sino más bien de la humanidad sobre sí misma, o sobre los privilegiados. Su camino no era de descubrimiento intelectual sino de conflicto social. Esa modernidad no era la modernidad de la tecnología, de Prometeo desencadenado, de la riqueza sin limites, sino más bien la modernidad de la liberación, de la democracia sustantiva (el gobierno del pueblo, contrapuesto al de la aristocracia, o el gobierno de los mejores), de la realización humana y, sí, de la moderación. Esa modernidad de la liberación no era una modernidad pasajera, sino una modernidad eterna. Una vez alcanzada, no la entregaríamos jamás.” [19]

Los NMS, son grupos que darán esta batalla, local, global, individual. Es la diversidad de sus causas su fuerza y debilidad, y este ensayo solo pretendió lograr entender este escenario confuso, abierto y oscuro, pero nunca cerrado, adverso tal vez, pero bueno, que no lo es.

Bibliografía

Beck, Ulrich. “La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad”. Barcelona, Editorial Paidós. 1986.

BRAUDEL, FERNAND. “Una lección de Historia de Fernand Braudel”. México. Editorial FCE. 1989.

BRAUDEL, FERNAND. “La Dinámica del Capitalismo”. México. Editorial FCE. 1986.

BERAIN, JOSEXTO (COMP.) “Consecuencias perversas de la modernidad”. Barcelona. Anthropos. Barcelona. 1996.

Riechmann, Jorge. “Redes que dan Libertad: Introducción a los Nuevos Movimientos Sociales”. Paidós. Barcelona. 1994.

Wallerstein, Immanuel. “Después del Liberalismo”. México. Editorial Siglo XXI. 1999.

Wallerstein, Immanuel. “El Capitalismo Histórico”. México. Editorial Siglo XXI. 1989.

Wallerstein, Immanuel. “¿Qué significa hoy ser un movimiento anti-sistémico?”. Revista OSAL. Enero 2003.



[1] Una explicación somera, y que incluye la discusión con otros autores sobre la economía-mundo, en Braudel, Fernand “Una lección de Historia de Fernand Braudel”. México. FCE. 1989. En especial los capitulos “Economía política e Historia Económica”. Pág. 108. y “Capitalismo y Economía-mundo”. Pág. 179. Al respecto Wallerstein señala, en relación al capitalismo, que “la economía-mundo en si debe tener una estructura económica que se llama capitalismo” Braudel (1989) Pág. 180.

[2] La rutina y la cotidianeidad, “la noche de los tiempos”, es donde ubica la vida material Braudel (1986). Dentro de la estructura económica fundamental, el capitalismo para Braudel vendría a ser tan solo una superestructura, una de las formas necesarias de la economía-mundo. Para Wallerstein en cambio, la economía-mundo que logró quedar es intrínsecamente capitalista, no es una forma externa necesaria, sino interna estructural.

[3] Wallerstein (1999, 1989) Braudel (1989)

[4] Esta es un aporte interesante que cambia un poco la interpretación clásica del capitalismo, que lo iguala a sociedad de libre mercado. Al contrario, el capitalismo histórico, más finamente, los capitalistas más grandes, buscan la apropiación de un mercado para si mismos, esto es, nuevas mercancías de las cuales apropiarse como único productor de aquella. Generando así una tasa de ganancia que es imposible en una sociedad de competencia de liebre mercado, donde por definición la torta se reparte mucho. Esas son las nombradas crisis de producción, o sobre oferta, cuando primero tienen problemas con la demanda, y luego, cuando su mercancía ha generado competencia (apropiación de más capitalistas de los procesos de ganancia, disminuyendo la tasa de ganancia de todos). Braudel (1989) Pág. 156-58.

[5] Braudel (1989) Pág. 195.

[6] Wallerstein (1999) Pág. 77. Además Wallerstein agrega “las ideologías fueron sólo una de tres formas de enfrentar esta situación. Las otras dos fueron las ciencias sociales y los movimientos antisistémicos”

[7] El sistema-mundo capitalista genera una estructura jerarquiza espacial, un centro y una periferia. Es la tesis conocida del flujo centrípeto de plusvalía desde la periferia al centro. De una supremacía político militar y económica. Según Wallerstein y Braudel, es lo que define estructuralmente a la economía-mundo capitalista, su jerarquización espacial. Braudel (1989) Págs. 164 y 166.

[8] Para ver estas cifras, de un economista neomarxista, cfr. Amin, Samir. “La nueva organización capitalista mundial vista desde el Sur. Vol. I. Mundialización y acumulación”. Anthropos. 1995. Barcelona. En especial el capitulo de Samir Amin “Introducción. Mundialización y acumulación capitalista”. Pág. 11.

[9] Wallerstein (1989). A este punto Braudel plantea que la sociedad humana es desigual por su misma “condición animal” (1989) Pág. 118. Wallerstein en cambio plantea que la economía-mundo que sobrevivió con su modelo de capitalismo, nació a la par de una periferia del cual se alimentaba su centro para crecer y acumular capital. Braudel (1989) Pág. 180.

[10] Braudel (1989) Pág. 160.

[11] Riechmann, Jorge. “Redes que dan Libertad: Introducción a los Nuevos Movimientos Sociales”. Paidós. Barcelona. 1994. Pág. 59.

[12] Riechmann (1994) Pág. 58.

[13] Riechmann (1994) Pág. 63.

[14] Ibid. Pág. 66. A su vez agrega citando a Offe “El campo de acción de los NMS es un espacio de política no institucional, cuya existencia no está prescrita en las doctrinas ni en la practica de la democracia liberal ni del Estado de Bienestar” (Offe, 1988, 174)

[15] Riechmann (1994) Pág. 71.

[16] Wallerstein (2003)

[17] A través de todo el ensayo he utilizado indistintamente el concepto de movimientos sociales y anti-sistémicos. He seguido a Riechmann, donde aclara que lo distintivo de movimientos sociales anteriores los NMS son emancipatorios. Por lo que al igual que Wallerstein, que es quien mas propiamente utiliza esta conceptualización, los llamaré movimientos anti-sistémicos.

[18] Riechmann (1994) Pág. 65.

[19] Wallerstein (1999) Pág. 130.